Menuda pregunta para arrancar este nuevo post. ¿Quién en su sano juicio no quiere ser aceptado por los demás? Contar con su atención, con su aprecio, con su ayuda, con sus ganas de pasar buenos momentos juntos…

Sin embargo, este proceso parece que se escapa de nuestro alcance y dominio, ya que aparentemente, poco podemos hacer para contar con el beneplácito de los otros. Hay quien piensa que esto se escapa a nuestro alcance, dado que nosotros nos comportamos y expresamos partes de nuestro carisma y personalidad, y corresponde a las personas que nos rodean, evaluar dicho comportamiento, analizar las similitudes que tiene con el suyo propio y a partir de ese momento, es cuando pasamos a ser una persona grata para ellos.

¿Y si este enfoque fuera equivocado? ¿Y si verdaderamente pudieras hacer algo para gustarle más a las personas que te rodean?

Este es otros de esos temas que nos demuestran que la vida es muy simple, sin embargo, somos nosotros mismos lo que no la hacemos nada sencilla, por eso a continuación, voy a compartir contigo una serie de ideas y reflexiones, que creo que pueden ayudarnos a todos a ser más aceptados y apreciados por nuestro entorno.

Lo primero que tenemos que tener claro es que para gustarles a los demás, tenemos que ser aceptados por ellos. Hablemos de lo que hablemos o hagamos lo que hagamos, primero nos compran siempre a nosotros (como personas) y luego compran nuestro argumento o acto (al pararse a escucharnos y darnos algo de crédito). Lo que ocurre es que pocas veces caemos en la cuenta de que la clave está en nosotros, no en ellos, ya que para que la gente nos acepte, primero debemos de aceptarla nosotros. Si, ahora pensaras que hay personas con ideas muy radicales, con comportamientos muy estrambóticos o con valores que no coinciden con los tuyos, pero no hay otra, o los aceptas tu primero o te estarás enfrentando a una misión imposible.

En caso de que te resulte una tarea complicada, he aquí una serie de observaciones que te ayudarán en esa (a veces complicada) tarea de aceptar a los demás:

  • La gente no es binaria. La gente no está hecha de ceros y unos, no son listos o tontos, válidos o inútiles. Por el contrario, el ser humano se encuentra lleno de matices y de capas de grises, que hacen que en unas ocasiones acertemos y en otras podemos errar. Todos tenemos puntos fuertes y débiles, positivos y negativos, competencias y deficiencias. Por eso, cuando no aceptamos a alguien suele ser porque hemos prestado atención a alguna característica suya que no nos gusta y la hemos estirado hasta cubrirlo por completo, pensando que es un egocéntrico (en vez de pensar que a veces se comporta de un modo egocéntrico) o que es un maleducado (porque en alguna ocasión no nos ha saludado).
  • Todo el mundo es mejor que tú en algo. Si, puede sonarte raro con algunas personas, pero es así. La gente que no acepta a los demás suele creerse superior a ellos, piensa que tiene alguna ventaja extraordinaria frente a ellos y que no son dignos de su atención o de su aprecio, sin embargo no hay nadie que sea superior a todos en todos los campos. Puede que seas un rico financiero experto en inversiones, pero la persona a la que miras por encima del hombro es tal vez un maestro extraordinario, un maravilloso padre, un esposo entregado o alguien extraordinariamente generoso. Para aceptar a los demás es necesario desarrollar una extraordinaria humildad, ya que cualquier persona puede enseñarte algo cuando menos te lo esperas, de ahí que sea necesario que estés atento por si acaso…
  • La gente es más parecida que distinta. A un nivel básico, casi todo el mundo quiere crear una familia, hacer algo que tenga sentido y disfrutar de la vida. Eso es cierto sin tener en cuenta la raza, la cultura, el credo, los colores y los países, lo que ocurre es que cuando no aceptamos a alguien en porque nos hemos posicionado en algún aspecto donde nuestras opiniones son enfrentadas y hemos generado un estado del ser para la otra persona, por eso decimos que “es” mal compañero, “es” poco disciplinado, o “es” una persona de la que no te puedes fiar. Si buscaras bien y dedicaras unos minutos a esta tarea, descubrirías que tienes mucho que ver con las personas que no te gustan. Lo que ocurre es que para hacer esto, posiblemente tengas que poner el foco es aquello que te une al otro, en vez de fijarlo en todas aquellas cosas que te separan. Cuando trabajo con profesionales dentro de una organización, me doy cuenta que cuando me hablan de algún compañero que no les cae del todo bien, lo hacen poniendo el foco en aquello en lo que son diferentes, obviando las 8 o 9 cosas en las que son similares, y así es muy complicado que alguien te caiga bien.
  • Los demás merecen un poco de atención. En la mayoría de las ocasiones pensamos que no tenemos tiempo para atender a tantas personas a nuestro alrededor, que nosotros también somos personas con nuestros objetivos, nuestras demandas del entorno, nuestras preocupaciones y no tenemos tiempo de prestar mucha atención a los demás. Quizás la persona estresada o desorganizada que en un momento determinado, no tiene las mismas prioridades que tú, tal vez esté tratando de sacar adelante a un hijo autista, o soportando a un marido agresivo, cuidando a sus padres enfermos o luchando contra un cáncer. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, así que, mejor no juzgues a las personas hasta que no seas capaz de meterte en su piel y entender desde la posición que te están hablando o se están comportando. Dedícales un poco de atención y verás como su imagen cambia.

Estas son las típicas recomendaciones que en la mayoría de casos, cuesta menos decirlas que hacerlas, pero por otro lado también te diré, que no se me ocurre otra manera de lograrlo. Así que ahora, tu decides…