Esta ha sido la idea que más veces se ha repetido en mi cabeza en la última semana y es que he tenido la suerte de participar en varios proyectos que me han hecho inmiscuirme de pleno dentro en la generación de los Millennials.

Si te quedas solo con lo que dicen algunos artículos sobre ellos, verás que son la generación del Baby Boom que vivimos con la última etapa de prosperidad económica. Se han criado en entornos estables económicamente, gran parte de ellos no tienen cultura del ahorro y se han criado bajo el paraguas de la tecnología, Internet y las redes sociales. También tienen un concepto del trabajo diferente al nuestro, quizás menos influenciados por sus padres (por el enorme cambio de creencias sociales que estamos sufriendo) ya no entienden esto del “Hazte funcionario hijo y tendrás trabajo para siempre”, “Fórmate en esta carrera o en aquella otra y tendrás más oportunidades profesionales” y sobre todo, testigos de la gran insatisfacción laboral de algunos de sus mayores, empiezan a pensar (y creerse) que uno puede divertirse en el trabajo o que puede dedicarse profesionalmente a eso que le apasiona y le maravilla.

Pues bien, esta semana he conocido a unos 150 de estos Millennials, a través de un proyecto de la Cámara de Comercio de Valencia y muchos de ellos me han dejado enormemente sorprendido (ellos y algunos de sus profesores, incrédulos porque hubieran estado conmigo 4 horas en un aula atentos, participativos, sonrientes y sentados). Hemos reflexionado sobre la importancia de ponerle pasión al trabajo, de ser protagonistas de nuestro destino (no víctimas, de estas ya hay muchas en nuestro país), de desarrollar nuestras habilidades para ser mejores profesionales y mejores personas… Y este mensaje lo han percibido y recogido, a las mil maravillas.

De las tres charlas que he tenido en institutos de FP durante esta semana extraigo varias conclusiones:

–   Es una generación que está deseosa de ser comprendida y atendida. Necesitan sentirse apreciados y queridos por sus profesores, saber que les importan a alguien (esto no es exclusivo de ellos, pienso que todos los seres humanos somos así, pero en ellos se ve muy claramente).

–   Sufren, como la mayoría de los adultos una “Educastración emocional” que les lleva a no saber expresar en muchas ocasiones lo que les ocurre y como se sienten. Experimentan y perciben cosas (emociones) que no son capaces de explicar (ni a los demás, ni a ellos mismos), por eso se sienten tan incomprendidos. Cuando les das herramientas para entenderse y expresarse, muestran una atención y luego unas caras de alivio increíbles…

–   Son muy exigentes, por eso quizás son percibidos con miedo por parte de algunos alumnos. No vale con que vengas a clase y estés un rato con nosotros para cubrir el expediente, quieren que les añadas valor, están ávidos por entender y comprender todo lo que les rodean, quieren que te vuelques con ellos (algo que un profesor que no sienta pasión por su trabajo nunca podrá ofrecérselo)

Y mi imagen sobre ellos, terminó de completarse cuando el Jueves pude participar en una sesión formativa con un grupo de 30 de estos Millenials, bajo el paraguas de la fundación Telefónica en su proyecto de emprendimiento social, Think Big. En él, jóvenes de entre 15 y 25 años pueden transformar una idea que busque un cambio positivo en su comunidad en un proyecto de éxito. 

Allí pude vivir una de mis experiencias más gratificantes de los últimos meses, jóvenes que no hacía falta que les explicaras a través de una dinámica la importancia de la cooperación, el esfuerzo, la ilusión, el trabajo en equipo, directamente… Lo hacían!!! Con la inestimable ayuda de un grupo de mentores (empleados de esta compañía, que altruistamente han decidido dedicar parte de su jornada a orientar a estos chavales y canalizar su potencial en algo mucho mayor que ellos mismos) estos jóvenes tienen la oportunidad de emprender, de ser creativos, de canalizar su energía en algo positivo para su comunidad y están aceptando el reto.

Cuánto tenemos que aprender de estos jóvenes y cuanto tenemos que ponerlos en valor. Tienen mucho talento y son muy exigentes, aspectos que dan bastante miedo a alguno de los adultos que diariamente interactúan con ellos, pero tienen más energía que nosotros, más conciencia sociales y yo estoy muy tranquilo al ver que lo que viene por detrás de mí, es mejor que yo…

Muchas gracias Joaquin, por dejarme participar contigo este proyecto y por llevarme conmigo, estos aprendizajes vitales.

Quizás no está todo perdido… ¡¡Ni mucho menos!!