Están siendo días extremadamente intensos y esto es algo por lo que me siento tremendamente privilegiado, corriendo los tiempos que corren. Son varios los proyectos con compañías de primer nivel los que me han alejado de ti durante unas semanas, pero ya estoy de vuelta para compartir contigo algunas de las cosas que me han ocurrido últimamente.

Lo primero que quiero es agradecerte porque hace unos días, este blog alcanzó las 10.000 visitas, algo totalmente impensable cuando comencé a volcar en él mis reflexiones hace apenas 18 meses. Muchos han sido los artículos y las temáticas abordadas y vuestra respuesta siempre ha sido estupenda, así que, por ese lado, gracias, gracias y gracias, por seguir ahí y por trasladarme tus comentarios que me llenan de energía para seguir escribiendo cada día.

Por otro lado, hay una reflexión que me ronda la cabeza últimamente, gracias a un par de grandes proyectos en los que estoy participando y que me hacen tomar conciencia de las nuevas necesidades formativas que las compañías nos están trasladando para hacer frente a la situación en la que se encuentran y sobre todo prepararse para el futuro más inmediato.

Estas compañías pretenden desarrollar en su personal clave no solo su capacidad de adaptación al medio y desarrollar su flexibilidad y resiliencia, sino que en ambos proyectos se pretende ir un poco más allá, poniendo el foco en el carácter emprendedor de los empleados y fomentar que sean ellos mismos los que creen sus propias oportunidades, los que identifiquen las necesidades del mercado e innoven poniendo en práctica nuevas maneras de hacer las cosas. Es un poco como si estas empresas pretendieran que los trabajadores por cuenta ajena que se desarrollan en sus estructuras, se comportaran como libres trabajadores autónomos que gestionan su propio negocio, que inspeccionan el entorno siempre ávidos de encontrar nuevas oportunidades, que prueban cosas nuevas y que en vez de encerrarse en su zona de confort y en la enorme incertidumbre que nos afecta en esta época, sean los que imaginen y creen su propio futuro y el de la compañía.

Entendemos que este es un cambio de mentalidad importante, porque tradicionalmente, los trabajadores por cuenta ajena se han ceñido a lo que sus respectivas compañías esperaban de ellos, esperando y cumpliendo las instrucciones que sus responsables les trasladaban y no se ha fomentado en absoluto que arriesgaran poniendo en marcha pequeños proyectos que podrían en un futuro servir para conservar su puesto de trabajo.

Estas compañías son más conscientes que nunca de que, desconocen completamente por donde irán los tiros en un futuro más o menos cercano y han pensado que la mejor manera de adivinarlo es creándolo y diseñando esos escenarios donde tendrán que desenvolverse dentro de unos meses. Y quien mejor para realizarlo que los empleados que día a día lidian con los clientes, resuelven sus incidencias y palpan como está la calle mejor que nadie.

Mi más sincera enhorabuena, a estas compañías que apuestan por su capital humano, que les permiten tomar decisiones en su trabajo y que, no por casualidad, están sobreviviendo a esta convulsa etapa en la que el futuro está todavía por definirse y ellos han decido ser una parte activa en esta creación.

A veces no es casualidad que unas empresas subsistan y otras, lastimosamente, caigan presas de su propio inmovilismo y del “siempre ha sido así” o “este sector no puede funcionar de otra manera”.