El viernes pasado pude vivir una de esas situaciones que te hacen sentir afortunado por dedicarte a tu profesión, unos de esos momentos mágicos que se producen en los cursos en los que de repente algo pasa dentro del aula que hace que todos salgamos de la misma, siendo un poco diferentes.

Mi trabajo con este grupo comenzó hace dos meses cuando fui contratado para fomentar y consolidar los lazos de unión entre los profesionales de dos departamentos claves dentro de un gran grupo empresarial valenciano.

Cuando arrancamos la primera sesión me encontré con un conjunto de personas con motivaciones diferentes, que realizaban bien su trabajo y cumplían sus objetivos individuales pero que apenas compartían cosas entre ellos, sus interacciones eran muy superficiales y el ambiente del despacho que compartían tenía un tono ciertamente grisáceo. Sus caras eran de preocupación puesto que no entendían muy bien la necesidad de recibir un curso de formación y menos de trabajo en equipo. “Pero si nosotros sacamos adelante todo el trabajo que nos llega…….”

Durante las semanas que he podido trabajar con ellos hemos ido poniendo encima de la mesa ciertos aspectos que considero fundamentales dentro de un equipo de trabajo y que hacen que las personas puedan alcanzar un nivel superior en su desempeño, en sus resultados y en sus emociones. Podéis imaginaros sus caras de sorpresa cuando en vez de hablar de organización, estrategia, coordinación y objetivos empiezo a plantearles la idea de que tenemos que hablar de aprecio por la persona que tienes al lado, humildad para dejarte ayudar, de confiar plenamente en las intenciones de los demás, aceptar a las personas tal como son y sus ideas posiblemente diferentes a las nuestras, prestar más cariño a las interacciones con tus compañeros. “Esto parecen sesiones de terapia, pero grupal” me comentaba uno de los asistentes en un descanso.

Comenzamos a hablar de defender tu individualidad y destronar nuestro individualismo, a comunicarnos respetuosamente y a decirnos las cosas claramente desde el aprecio mutuo, a escucharnos atentamente y afrontar nuestros conflictos desde la naturalidad y la simpleza de quien confía plenamente en la otra persona.

Yo notaba cierto crecimiento en el grupo en cada sesión en la que participaba, veía como cada vez participaban más, bromeaban más entre ellos, el clima mejoraba y cada miembro tenía su cuota de protagonismo en la tarea que estuviéramos realizando, hasta que el pasado viernes se produjo una verdadera catarsis en el equipo que propinó que nadie de los que estuvimos allí podamos olvidar lo que allí sucedió.

Como dinámica final y haciendo uso de todas las herramientas que fuimos trabajando durante el curso, los asistentes tenían que ofrecer un feedback sincero y cariñoso a cada uno de sus compañeros diciéndole lo que opinaba de él y lo que querían demandarle para que su relación mejorase y todo el grupo se enriqueciera. Pues bien, pude contemplar como once personas decidieron quitarse la coraza, hablar desde el corazón, buscar y encontrar los puntos fuertes de cada uno de sus compañeros y ser capaces de retomar conversaciones que alguna vez se quedaron incompletas o abrir otras que se tenían que haber producido hace mucho tiempo.

Hasta yo mismo me emocioné en varias ocasiones al ver como cada uno de los asistentes estaba poniendo toda la carne en el asador en un camino de no retorno en el que a partir de ahora solo podrán encontrase con cosas positivas. El clima que se creo fue absolutamente mágico y nadie tenía ganas de irse pese a que ya nos habíamos pasado más de una hora del horario de finalización del curso.

Cosas como estas son las que te hacen creer en el trabajo que desempeñas, en tu labor de ayudar a las personas a encontrar la mejor versión de si mismas y a conseguir que los entornos de trabajo, sean un lugar donde poder disfrutar, crecer y sentirnos valorados por nuestros responsables y por nuestros iguales.

Gracias por la lección que me enseñasteis el viernes pasado. Gracias por recordarme que creamos nuestros entornos de trabajo, que somos responsables de las relaciones que tenemos a nuestro alrededor y que si quiero que las cosas cambien, yo debo de comenzar a cambiar el primero.

Desde al pasado viernes, once personas han decidido comenzar a cambiar un poco individualmente, para alcanzar un gran cambio colectivo. ¡¡¡ Enhorabuena chic@s !!!