La semana pasada estuve trabajando con un grupo de encargadas de una importante empresa de alimentación, ayudándoles a reflexionar sobre su papel dentro de la organización y sobre su rol de “desarrolladoras de personas”. No solo pasé 8 horas magníficas con estas chicas sino que aprendí muchas cosas, ya que me hicieron reflexionar y reafirmar ciertas creencias, que en ocasiones no tenemos del todo presentes en nuestro día a día.

                Durante toda la jornada, mostraron un interés y una ilusión descomunal, estuvieron atentas en todo momento, se cuestionaron como hacían las cosas, se mostraban receptivas ante nuevas maneras de hacer lo mismo, analizaron de una manera muy humilde los errores que quizás cometían a diario, preguntaban en todo momento las dudas que les asaltaban y siempre estaban buscando como podrían hacer las cosas mejor la siguiente vez. Actuaban como verdaderas protagonistas de su situación y de su día a día.

                Hasta aquí, podría no resultar nada fuera de lo común, pero empezó a serlo cuando me confesaron que este, era el primer curso de estas características que recibían en su vida profesional, aspecto que ya conocía y por el cual prejuzgue su posible resistencia a algunas de mis provocaciones durante el curso, cosa que nunca ocurrió, respondiendo a ellas de una manera muy proactiva y sin victimismos.

              Por otro lado, la media de edad de aquel grupo sería de unos 50 años, lo cual me enseño, que cuando existe verdadera ilusión y pasión por lo que uno hace, los años no son un hándicap para mostrar interés y predisposición al aprendizaje. Las victimas se escudan en él: “ahora con mi edad ya es tarde”, “si me hubiera topado con esta oportunidad o información hace unos años todo hubiera sido diferente”, “ahora ya es tarde para cambiar”, etc. Lo que verdaderamente se escuda detrás de estos comentarios es un miedo por salir de nuestra zona de confort, por arriesgar, por cambiar, por movilizarnos, por crecer…………

              También me enseñaron que la ilusión tapa muchas carencias y hace más tolerantes a los demás. Ellas no habían sido las mejores responsables de equipo hasta ahora, pero sus equipos las habían respetado y valorado, al percibir sus buenas intenciones y ganas por mejorar continuamente. Además, esa ilusión, nos acerca a los buenos resultados si existe voluntad de mejora y se tiene claro en qué dirección se pretende caminar.

           Muchas Gracias a Evelia, Ana, Sandra, Loreto, Isabel, Carmen, Lara, Patricia, Nuria, Beatriz y Marifé, por haberme enseñado que: nunca es tarde para aprender, que no debo de buscar escusas para afrontar mis desafíos, que debo de comportarme como un protagonista de mi futuro y no como una víctima, y que por mucho que sepa de un tema, he de ser humilde para escuchar a otras personas y cuestionarme de vez en cuando, mi manera de hacer las cosas.

Gracias de todo corazón.