Este es uno de los temas que más me está preocupando en los últimos meses, ya que me estoy encontrando con multitud de responsables y directivos que mientras analizan su nivel de liderazgo frente a sus equipos, son capaces de entender el papel tan crítico de todas esas cosas que no se ven (emociones, clima laboral, cultura, valores, etc) y que terminan afectando de una manera importante a lo que si se ve (resultados, rotación, absentismo, productividad, etc), sin embargo, no saben como actuar sobre ello. Que la Inteligencia Emocional influye de una manera muy importante en las relaciones interpersonales, es un hecho contrastado y conocido por todos, que influye en los resultados (tanto individuales como grupales) tampoco nos pilla de sorpresa, pero identificar claramente sus variables, desarrollarlas conscientemente y utilizarlas en el día a día para lograr los objetivos, esto es otro cantar.

Te has parado a analizar por qué muchas personas no se comportan como deberían en las organizaciones, qué les lleva a tomar decisiones irracionales y a comportarse de una manera improductiva, por qué no siguen las normas y en ocasiones se muestran tan reacios a su aceptación y cumplimiento … Y sobre todo, cuánto nos cuesta influir sobre ellos, hacerles partícipes de esa cultura corporativa, resolver adecuadamente determinados conflictos o incluso en algunas ocasiones, simplemente hacernos entender. ¿Cómo nos hace sentir esto? ¿Y cómo hacemos sentir a los demás en estas situaciones?

Aprender a gestionarse uno mismo para gestionar a otros

En todos estos escenarios el componente emocional resulta extremadamente importante para comprender la casuística, el problema y por ende, adoptar una solución adecuada y sobre todo efectiva. Nuestro handicap es que disponemos de un montón de argumentos técnicos y racionales para hacer frente a estas situaciones (el propio sistema ya se ha preocupado de formarnos adecuadamente), sin embargo, nadie se ha preocupado en ofrecer a la persona los recursos necesarios para aprender a leer dichas situaciones con las “gafas de lo intangible”, esas que nos permiten ver aquello que suele permanecer invisible a la vista y que influye enormemente en los resultados.

Cuando aprendes a mirar la realidad con esas gafas, eres capaz de identificar y utilizar determinadas variables que suponen un antes y un después en tu interacción con los demás, en tu manera de abordar los problemas, altera la forma que tienes de comunicarte contigo mismo y con tus compañeros, es decir, se despliegan ante ti, un abanico de enormes posibilidades y áreas por explorar que hacen que incrementen tus probabilidades de tener éxito en las acciones que llevas a cabo.

¿Y por donde empiezo? Te preguntarás, porque este campo es tan amplio y existe tanta información al respecto, que puedes invertir mal tu tiempo y tus recursos si no sigues un camino, claro, responsable y efectivo. Yo te recomiendo que comiences por el principio, por donde comienzan la mayoría de las cosas: Por uno mismo. Al formar parte del sistema, tienes la capacidad de influir sobre él con cada acción, interacción o comunicación que realizas. Por eso, tenemos que ser conscientes que para poder gestionar a otros (influirles, informarles, cuidarles) primero tenemos que aprender a gestionarnos a nosotros mismos, ya que, si no estoy bien (y no me doy cuenta), resulta casi imposible hacer sentir bien a las personas que me rodean.

Cuando aprendo a identificar mi estado emocional y descubro como me afecta e influye en todo lo que llevo a cabo, empiezo a ser capaz de decidir estratégicamente que voy a hacer, como voy a hacerlo y para qué. Si además, hago algo para mejorar como me siento, seré capaz de ofrecer lo mejor de mí a los demás, influir positivamente en el clima del equipo (y de la organización) y acercarme mucho más a mis objetivos y a la obtención de los resultados esperados.

Las personas prestan mucha más atención y se dejan influir mucho más por las “personas que atraen” que por las “personas que repelen” y en ambos casos, con aspectos intangibles los que incrementan o bloquean nuestras probabilidades de éxito en cualquier tarea que emprendemos en la organización y en la vida. Por eso resulta necesario que generemos determinadas acciones formativas que estén orientadas a trabajar, desarrollar y adquirir este tipo de habilidades y así convertirnos en ese tipo de personas.

Post originalmente publicado en el blog de Prevencionar